Brasil, cultura y arquitectura

Del barrio aristocrático al barrio cultural

Una plaza con árboles gigantes y resbalines hechos de cemento, colores alegres y originales formas. No es muy extensa, pero es centro de atracción para grandes y chicos y a toda hora del día. Tal como lo fue en sus inicios, porque si hay un lugar en el Barrio Brasil que ha permanecido imponente y atrayente con el pasar de los años es la plaza Brasil.

Fue construida a principios del siglo XX al mando del ingeniero de apellido Wielanat y una comisión conformada por don Ramón Eyzaguirre, Manuel Fuenzalida y don Eugenio Ossa, quienes terminaron el proyecto a cabalidad el 20 de enero de 1902, fecha en que también recibe su actual nombre en honor al país también sudamericano, Brasil.

La avenida Brasil, antes llamada Cañada de Cáceres, por el antiguo dueño de los terrenos, quien fue obligado a devolverlos por apropiación indebida de éstos, era en sus inicios una callecita de media cuadra de ancho, la cual fue reacondicionada para la iluminaria de todo el sector. La Municipalidad de Santiago de ese entonces comenzó así todo un plan de renovación del sector lo que le dio un mayor valor con el pasar del tiempo. Las calles pasaron de ser un polvorín a lugares perfectamente urbanizados con adoquines e iluminaria general. La población se empezó a renovar y de una chacra pasó a ser residencia de las familias más adineradas e ilustres de la época.

La aristocracia
Con sus largos vestidos se paseaban jóvenes y señoras contando los últimos chismes del barrio y las noticias de la gran ciudad. Así mismo lo hace hoy en día la señora Carmen (76), quien día a día recorre las 3 cuadras que la distancian de la plaza y se sienta a observar cómo diversas personas se pasean una y otra vez por este lugar. “Aquí llega todo tipo de gente”, cuenta la señora Carmen con calma y una voz un tanto apagada por los años. “Vienen muchos jóvenes que se juntan a tomar en los juegos”, señalando a un grupo de adolescentes de unos 16 años que empinan y se pasan entre ellos, una y otra vez, un envase de vino tinto. “También se llena de niños con sus papás y escolares que vienen a echarse en el pasto después de clases”. Cuenta que vive hace muchos años en el barrio, que vivió con sus papás cerca de la plaza Yungay, pero que siempre le gustó más venir a esta plaza, le gusta la gente y “en ésta hay mucha”, dice ella. “A mi esposo, que ya murió hace un par de años, lo conocí en este sector y como a los dos nos gustaba vivir aquí, nos quedamos”. Me cuenta que ha cambiado harto la plaza y el barrio en general, “se ha llenado de restaurantes y pubs, y esto en la noche se transforma, antes era más tranquilo y había menos jóvenes viviendo acá”. En voz baja y con cierta picardía me confiesa que igual le gusta todo esto, le gusta que haya movimiento durante todo el día, “en mis tiempos no había tanto ajetreo”. Con un poco de esfuerzo, la señora Carmen, se levanta de la banca y se despide amablemente, va camino a su casa para prepararle comida a su hijo que pronto llegará del trabajo, pero antes me pregunta si mañana vendré, que ella estará aquí como a la misma hora.

Ha cambiado harto la plaza y el barrio en general, “se ha llenado de restaurantes y pubs, y esto en la noche se transforma, antes era más tranquilo y había menos jóvenes viviendo acá”.

La decadencia
Grandes casas rodean la plaza y adornan las calles, de diferentes estilos arquitectónicos y diferentes tamaños se muestran avasalladoras en el paisaje, porque son éstas las que lo constituyen, se roban la película y posan con sus mejores coloridos y detalles. Estas casonas y palacetes son la herencia de ese tiempo majestuoso y ostentoso del siglo pasado, cuando en ella habitaban las más renombradas e ilustres familias de la ciudad. Pero con el crecimiento de la población y la llegada de otras clases sociales al vecindario, las familias más acomodadas se fueron en busca de nuevos lugares que residir en la zona oriente de la capital. Así, estas enormes casonas quedaron olvidadas y muchas deshabitadas, ya que por sus grandes tamaños, mantenerlas era imposible y así el barrio entró en una profunda y larga decadencia. Muchas de estas enormes moles de cemento, fueron cayéndose a pedazos, ni siquiera la Municipalidad se encargó de ellas y algunas hasta el día de hoy siguen su curso de desmoronamiento.

Con el crecimiento de la población y la llegada de otras clases sociales al vecindario, las familias más acomodadas se fueron en busca de nuevos lugares que residir en la zona oriente de la capital. Así, estas enormes casonas quedaron olvidadas

El resurgimiento
En la década de los 90, un grupo de interesados en la arquitectura y tradición histórica del barrio, vuelven para explotarla y darle un rostro cultural y bohemio al sector, algunas universidades y colegios encuentran sede en grandes casonas llenas de historia y como los jóvenes se convierten en un residente habitual del sector, muchas casas son propicias para ser utilizadas como pensiones para estudiantes. Así el carácter más urbano y comercial llega nuevamente al barrio y para quedarse, porque son ya hartos los atraídos por el surgimiento de un foco cultural en el centro de Santiago. Manuel Cerda, encargado de recibir a las personas en la fundación Víctor Jara, aledaña a la plaza, cuenta que están en un constante esfuerzo por cultivar y proteger el carácter cultural que ha tomado el barrio. “Nosotros hemos intentado transmitirle a la comunidad el recuerdo y la labor de Víctor Jara, y nos ha funcionado, porque vecinos y personas de otros lugares vienen y se interesan por la fundación, así como también otros proyectos se han llevado a cabo para hacer surgir el barrio y destacarlo como centro cultural y patrimonial de Santiago”.

Nosotros hemos intentado transmitirle a la comunidad el recuerdo y la labor de Víctor Jara, y nos ha funcionado, porque vecinos y personas de otros lugares vienen y se interesan por la fundación”

El valor cultural
Son vastos los restaurantes y cafés que se han instalado en el barrio, mayoritariamente en la avenida Brasil, en donde las ofertas son numerosas y los estilos y ambientes diversos, así mismo lo confirma Pamela Vergara, asidua al lugar. “Me encanta este barrio, ya que se puede carretear tranquila y en lugares en que encuentras personas con la que puedes conversar interesantes temas con un par de piscolas de sobremesa, de hecho el fin de semana pasado recuerdo haber entablado una agradable conversación con un niño que leía poesía en varios de los cafés del sector. Es así de simple, se juntan personalidades a veces contrapuestas, pero de las que puedes aprender y comprender sus estilos de vida, que por lo demás muchas veces son bien interesantes.

Se juntan personalidades a veces contrapuestas, pero de las que puedes aprender y comprender sus estilos de vida

En la actualidad, hasta la Municipalidad de Santiago se está preocupando un poco más de resurgir el barrio, es por esto que el sábado 13 de septiembre se llevará a cabo una feria cultural, bajo la dirección de cultura de la misma municipalidad, la que promete música en vivo, poesía y folklore, además de los stands respectivos al tema de la cultura y el patrimonio histórico del Barrio Brasil. Así lo expresó Gerardo Huerta, encargado en la cabina de seguridad e información del sector, quien también alentó su visita, puesto que dijo que “son eventos en los que la gente se entretiene y conoce otro tipos de cosas que no está acostumbrada a ver en el día a día”.

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